Muy a menudo, ese resorte es provocado por la música. El poder que tiene esta para adherirse fuertemente a vivencias no dejará nunca de sorprenderme. La música te retrotrae a otras épocas de tu vida y revives las sensaciones y sentimientos de esos momentos, como si de un viaje en el tiempo se tratara, pero sin DeLorean.
El tema que hoy me ha llevado a elaborar este texto ha sido "Hope There's Someone", del grupo Antony and the Johnsons, incluído en su album: "I Am a Bird Now (Secretly Canadian, 2005)"
No hay más. Al final solo se trata de recuerdos. Somos recuerdos. Nos moldean, y definen la persona que somos en la actualidad. Estos momentáneos saltos en el tiempo, además, cumplen la misión de rememorar, siempre con tintes nostálgicos, quienes fuimos, de quienes nos rodeábamos, hacia dónde íbamos... Y en muchas ocaciones, la dulce nostalgia se transforma en dolor. Ese tema musical en concreto, que tanto te gusta y disfrutas, se encarga de asestarte una puñalada en todo el corazón, haciendo que mentalmente te retuerzas de dolor. La consecuencia más directa es que, al mismo tiempo, te hace consciente de quién eres ahora, de quienes te rodean, de hacia donde intentas ir... y como si de un puñetazo se tratara, las pérdidas te dejan casi noqueado. Oportunidades que dejaste pasar, añoradas personas que abandonaron ya este mundo, o amigos que tomaron diferentes rumbos y de los que pierdes contacto. Toda esta sensación de pérdida consigue aplastar al resto de recuerdos, buenos o malos, ganando de forma aplastante la pugna por permanecer vigente en la cima de tu memoria, al menos durante los tres minutos de media que dura el tema musical.
Pero es sufciente. Tres minutos. No necesita más tiempo para hacer moldear tu carácter a su antojo, para bien y para mal, siempre alrededor de estas amargas (pero necesarios) memorias.
Y es que, mirando bien en profundidad, solo somos recuerdos.