viernes, 12 de junio de 2020

Recuerdos

Es curioso como funciona el cerebro. Puedes estar tan tranquilo, dedicado a las rutinarias tareas del día, y de pronto: "¡clik!". Un resorte se activa, y sin previo aviso, tu cerebro deja fluir hacia el exterior un torrente de recuerdos que yacían profundamente enterrados en lo más profundo de tu memoría.

Muy a menudo, ese resorte es provocado por la música. El poder que tiene esta para adherirse fuertemente a vivencias no dejará nunca de sorprenderme. La música te retrotrae a otras épocas de tu vida y revives las sensaciones y sentimientos de esos momentos, como si de un viaje en el tiempo se tratara, pero sin DeLorean.

El tema que hoy me ha llevado a elaborar este texto ha sido "Hope There's Someone", del grupo Antony and the Johnsons, incluído en su album: "I Am a Bird Now (Secretly Canadian, 2005)"



No hay más. Al final solo se trata de recuerdos. Somos recuerdos. Nos moldean, y definen la persona que somos en la actualidad. Estos momentáneos saltos en el tiempo, además, cumplen la misión de rememorar, siempre con tintes nostálgicos, quienes fuimos, de quienes nos rodeábamos, hacia dónde íbamos... Y en muchas ocaciones, la dulce nostalgia se transforma en dolor. Ese tema musical en concreto, que tanto te gusta y disfrutas, se encarga de asestarte una puñalada en todo el corazón, haciendo que mentalmente te retuerzas de dolor. La consecuencia más directa es que, al mismo tiempo, te hace consciente de quién eres ahora, de quienes te rodean, de hacia donde intentas ir... y como si de un puñetazo se tratara, las pérdidas te dejan casi noqueado. Oportunidades que dejaste pasar, añoradas personas que abandonaron ya este mundo, o amigos que tomaron diferentes rumbos y de los que pierdes contacto. Toda esta sensación de pérdida consigue aplastar al resto de recuerdos, buenos o malos, ganando de forma aplastante la pugna por permanecer vigente en la cima de tu memoria, al menos durante los tres minutos de media que dura el tema musical.
Pero es sufciente. Tres minutos. No necesita más tiempo para hacer moldear tu carácter a su antojo, para bien y para mal, siempre alrededor de estas amargas (pero necesarios) memorias.

Y es que, mirando bien en profundidad, solo somos recuerdos.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Daft Punk - Tron Legacy

Tron Legacy (Disney, 2010) venía a ser una digna sucesora para la película original de 1982, llevada a la pantalla tambíén de manos de Disney. Por desgracia, la película no tuvo muy buena acogida, dejando congelado el proyecto de una serie de secuelas que habrían hecho las delicias de más de uno (yo incluido). Ya de antemano lo confieso: a mi me encanta Tron Legacy, y no podía ser de otra manera, ya que Tron (Disney, 1982) está entre mis películas favoritas.

Pero no trata sobre la película en sí esta entrada, sino sobre su banda sonora, de la cual, suelo escuchar muy a menudo lo mucho que gusta, de una forma muy generalizada. Paremos aquí por un momento para entrar en detalles. La -enorme- ventaja de la banda sonora de Tron Legacy recide en sus creadores: ni más ni menos que el prestigioso grupo Daft Punk. Aunque extraña en un primer momento, atribuyo esta elección, por una parte, a un claro reclamo publicitario hacia la producción, y por otrto, a un intento de casar debidamente la estética visual reflejada en la película con un tipo de sonido muy particular. Ordenadores, programas, circuitos... quién mejor para realizar este trabajo que un grupo caracterizado por su gran experiencia en elaborar sonidos electrónicos, y machacones, dicho sea de paso. Por una parte, estoy de acuerdo en lo acertado sobre los parecidos entre los estilos antes comentados. Pero por otra, el grupo calza como un guante en la película, aunque en mi opinión, más como parte de la escenografía que por sus sonidos.

El problema es el de siempre en estos casos: la falta de experiencia y referencias. Si a mezcla de sonidos electrónicos y orquestales querían hacer referencia, hay multitud de artistas más habituados y experimentados en este estlilo musical (¿alguien ha dicho Vangelis?) que de seguro hubiera ofrecido una obra más represetativa y característica del mundo que nos cuentan habita en nuestro ordenador. No es un mal trabajo, pero deja mucho que desear dado el precedente elaborado por Wendy Carlos para la película del 82. Nunca dejaré de pensar que me parece una tremenda falta de respeto hacia esta pionera de los sintetizadores la carencia de alguna referencia a su trabajo en la obra del dúo francés.

El resultado final es una obra decente, que cumple, pero que no brilla como su predecesora. Alargada es la sombra del clásico. Y si destaca, porque lo hace en momentos puntuales, es con el característico sonido Daft Punk. El ejemplo más claro: Derezzed



Así, que cuando alguien dice que le gusta mucho esta banda sonora, me temo que a lo que se refiere es que le gusta Daft Punk, y en concreto, el tema anteriormente citado (o los End Credits, tema que sigue la estela del anteriormente citado al más puro estilo daft-punkero). Pocos reconocerán la autoría del grupo si les pones ante la escucha de los demás temas, y lo más probable es que muestren indiferencia hacia tales sonidos.

Ante todo esto, me reitero en la afirmación que como estreno en el ámbito del cine, no está mal. Quedan para el recuerdo algunos -escasos- temas notables, pero que no hacen levantar a todo el conjunto de ser un trabajo más del montón. Una obra plana, funcional, artificiosa, pero sin profundidad alguna. Una verdadera lástima.



Y para terminar, las comparaciones son odiosas, lo admito, pero no puedo dejar pasar la oportunidad, ya que, pese a los años, la obra de Carlos muestra una profundidad, complejidad y elaboración que ya quisiera para sí Tron Legacy. Toda una obra maestra de la época. Las cosas tal como son. Eso sí, no me negaría a contemplar a Daft Punk en la realización de más trabajos relacionados con este mundo si ello significara la continuidad de la saga. Pero de ilusiones vive el hombre...


viernes, 11 de marzo de 2016

Parade - Demasiado Humano


No lo puedo evitar. De vez en cuando siento la necesidad de indagar en la red al respecto de Parade, aunque no se si para bien o para mal. En esta historia de amor rota entre Antonio Galvañ, cabeza pensante de Parade, y mis más inocentes sensaciones, siempre ha habido un pequeño hueco para la reconciliación. Quizás es por ello que de nuevo, una y otra vez, vuelvo a buscarlo, con la ilusión de encontrarme con esa posibilidad. Sobra decir que hasta ahora, y desde que sr produjera dicha rotura, allá por La Fortaleza de la Soledad (Javalina, 2009), no se ha producido tal reencuentro.


Esta vez, en mi fizgoneo habitual descubro que hay un nuevo trabajo, titulado Demasiado Humano (Javalina, 2016), y raudo y veloz, me dispongo a escuchar esta nueva colección de temas. -Esta vez sí-, me digo, tratando de animarme y motivarme. Pero nada más lejos de la realidad, para mi desdicha. Y es que Parade ya no es el que era, para un servidor al menos, y este nuevo disco lo refleja a la perfección. Quizás el mayor problema sea identificar el motivo del desvío en lo que a este "nuevo estilo" se refiere, aunque mis sospechas se dirigen indudablemente al cambio de discográfica.

Cuando descubrí Parade, de las manos de mi buena amiga Maite, me encandiló de una manera como pocos habían hecho, influenciado especialmente por las circunstancias personales que me rodeaban en aquel momento. Simplemente, me conquistó. Las melodías púramente electrónicas, casi de andar por casa, y las letras, sobre todo las letras. Profundas, complejas, incluso oníricas, con mil y una referencia a la ciencia ficción o el fantástico, convirtiendo algunas escuchas en verdaderos deleites para quien conocía dichas referencias. Innumerables niveles en los que disfrutar durante cada escucha. Se trataba de una obra más completa, más redonda.

Ha llovido ya desde aquel primer trabajo, titulado de forma homónima, Parade (Spicnic, 1998), y con cada nuevo trabajo que aparecía se apreciaba una clara evolución. Parade se volvía más íntimo en cada salto, más introspectivo, hasta alcanzar el culmen en esa maravilla que es Todas las estrellas (Spicnic, 2006). Y a partir de ahí, el abismo. Un claro retroceso se aprecia, pero esta vez dirigido hacia un simplismo extremo, compartido por todos sus temas a partir de ese momento, y que los aúna en una monotonía nada agradable, más aún cuando no puedes dejar de comparar "el antes" con "el después". Hasta tal punto llega este asunto, que durante la escucha de este último trabajo se hace inevitable cierta sensación de: -esto lo he oído ya-. El esquema se repite para cada canción, haciendo que te cueste, cada vez más, pasar de una a otra, o percibir algo más detrás de los nuevos sonidos. La obra se vuelve completamente plana. Añadamos además la posibilidad de hacer canciones de cualquier tema. Y cuando digo cualquiera, entiéndase la palabra en su amplia extensión, cayendo incluso en el absurdo (¿Carterista de tanatorio?, ¿Caballero del tuntún?, ¿Bizcochos?) No quiero engañar a nadie, Parade cuenta en su discografía con bastantes temas que directamente tutean al absurdo, pero siempre manteniendo un nivel de originalidad y experimentación que al ser escuchado no te sacaba una mueca de extrañeza. Y no dudo que estos puedan tener un significado para su autor, de hecho, estoy convencido que el bueno de Antonio es el único sabedor de dicho significado, lo que no acaba de ayudar al oyente a salir de su perplejidad.

Sí se hace notar intensamente un fuerte interés por dotar a sus temas de una mayor sonoridad, innovar en sonidos electrónicos, o acompañamientos instrumentales y vocales, pero al fín y al cabo, aúnar todos los esfuerzos sobre una creciente y sobresaliente musicalidad a expensas de unas letras que quedan en un papel secundario, relegadas a simple relleno en multitud de ocasiones. Esto es bastante notorío en toda esta nueva obra, en general, pero donde mayor reflejo tiene es en Láser. Ojo, no hay que desmerecer este nuevo sonido de Parade, porque es asombroso en la mayoría de temas por la combinación de sonidos electónicos, voces, y ritmos. Sin duda, ha creado un sorprendente paisaje sonoro.

Y sin embargo, nos demuestra que es capaz de mucho más, que puede recuperar aquel estilo que nos hacía viajar por multitud de historias de una forma mágica. Que puede innovar de forma espectacular en el acompañamiento sonoro, sin hacer por ello que las letras se resientan, y rompiendo el esquema al que nos tiene acostumbrados ultimamente. Y la prueba de ello, única en este trabajo por desgracia,  es el tema que da nombre al disco: Demasiado Humano.

Es inevitable sentir una irrefenable sensación de nostalgia, porque esto es Parade. La prueba de que existe ahí un Parade, en algún recóndito lugar, que quiere salir y expresarse tal como es, en su forma de ser más natural. La escucha de este tema me ha llevado a sensaciones que hacía tiempo no comapartía con este artista, y eso me llena de alegría y tristeza, a partes iguales. Prueba inequívoca de lo que pudo haber sido, y no es. Parade, por favor, vuelve.