No lo puedo evitar. De vez en cuando siento la necesidad de indagar en la red al respecto de Parade, aunque no se si para bien o para mal. En esta historia de amor rota entre Antonio Galvañ, cabeza pensante de Parade, y mis más inocentes sensaciones, siempre ha habido un pequeño hueco para la reconciliación. Quizás es por ello que de nuevo, una y otra vez, vuelvo a buscarlo, con la ilusión de encontrarme con esa posibilidad. Sobra decir que hasta ahora, y desde que sr produjera dicha rotura, allá por La Fortaleza de la Soledad (Javalina, 2009), no se ha producido tal reencuentro.
Esta vez, en mi fizgoneo habitual descubro que hay un nuevo trabajo, titulado Demasiado Humano (Javalina, 2016), y raudo y veloz, me dispongo a escuchar esta nueva colección de temas. -Esta vez sí-, me digo, tratando de animarme y motivarme. Pero nada más lejos de la realidad, para mi desdicha. Y es que Parade ya no es el que era, para un servidor al menos, y este nuevo disco lo refleja a la perfección. Quizás el mayor problema sea identificar el motivo del desvío en lo que a este "nuevo estilo" se refiere, aunque mis sospechas se dirigen indudablemente al cambio de discográfica.
Cuando descubrí Parade, de las manos de mi buena amiga Maite, me encandiló de una manera como pocos habían hecho, influenciado especialmente por las circunstancias personales que me rodeaban en aquel momento. Simplemente, me conquistó. Las melodías púramente electrónicas, casi de andar por casa, y las letras, sobre todo las letras. Profundas, complejas, incluso oníricas, con mil y una referencia a la ciencia ficción o el fantástico, convirtiendo algunas escuchas en verdaderos deleites para quien conocía dichas referencias. Innumerables niveles en los que disfrutar durante cada escucha. Se trataba de una obra más completa, más redonda.
Ha llovido ya desde aquel primer trabajo, titulado de forma homónima, Parade (Spicnic, 1998), y con cada nuevo trabajo que aparecía se apreciaba una clara evolución. Parade se volvía más íntimo en cada salto, más introspectivo, hasta alcanzar el culmen en esa maravilla que es Todas las estrellas (Spicnic, 2006). Y a partir de ahí, el abismo. Un claro retroceso se aprecia, pero esta vez dirigido hacia un simplismo extremo, compartido por todos sus temas a partir de ese momento, y que los aúna en una monotonía nada agradable, más aún cuando no puedes dejar de comparar "el antes" con "el después". Hasta tal punto llega este asunto, que durante la escucha de este último trabajo se hace inevitable cierta sensación de: -esto lo he oído ya-. El esquema se repite para cada canción, haciendo que te cueste, cada vez más, pasar de una a otra, o percibir algo más detrás de los nuevos sonidos. La obra se vuelve completamente plana. Añadamos además la posibilidad de hacer canciones de cualquier tema. Y cuando digo cualquiera, entiéndase la palabra en su amplia extensión, cayendo incluso en el absurdo (¿Carterista de tanatorio?, ¿Caballero del tuntún?, ¿Bizcochos?) No quiero engañar a nadie, Parade cuenta en su discografía con bastantes temas que directamente tutean al absurdo, pero siempre manteniendo un nivel de originalidad y experimentación que al ser escuchado no te sacaba una mueca de extrañeza. Y no dudo que estos puedan tener un significado para su autor, de hecho, estoy convencido que el bueno de Antonio es el único sabedor de dicho significado, lo que no acaba de ayudar al oyente a salir de su perplejidad.
Sí se hace notar intensamente un fuerte interés por dotar a sus temas de una mayor sonoridad, innovar en sonidos electrónicos, o acompañamientos instrumentales y vocales, pero al fín y al cabo, aúnar todos los esfuerzos sobre una creciente y sobresaliente musicalidad a expensas de unas letras que quedan en un papel secundario, relegadas a simple relleno en multitud de ocasiones. Esto es bastante notorío en toda esta nueva obra, en general, pero donde mayor reflejo tiene es en Láser. Ojo, no hay que desmerecer este nuevo sonido de Parade, porque es
asombroso en la mayoría de temas por la combinación de sonidos
electónicos, voces, y ritmos. Sin duda, ha creado un sorprendente paisaje sonoro.
Y sin embargo, nos demuestra que es capaz de mucho más, que puede recuperar aquel estilo que nos hacía viajar por multitud de historias de una forma mágica. Que puede innovar de forma espectacular en el acompañamiento sonoro, sin hacer por ello que las letras se resientan, y rompiendo el esquema al que nos tiene acostumbrados ultimamente. Y la prueba de ello, única en este trabajo por desgracia, es el tema que da nombre al disco: Demasiado Humano.
Es inevitable sentir una irrefenable sensación de nostalgia, porque esto sí es Parade. La prueba de que existe ahí un Parade, en algún recóndito lugar, que quiere salir y expresarse tal como es, en su forma de ser más natural. La escucha de este tema me ha llevado a sensaciones que hacía tiempo no comapartía con este artista, y eso me llena de alegría y tristeza, a partes iguales. Prueba inequívoca de lo que pudo haber sido, y no es. Parade, por favor, vuelve.
No hay comentarios:
Publicar un comentario